jueves, 26 de febrero de 2009

Madrugando pasiones


Era de madrugada, desperté súbitamente con el corazón cabalgando de prisa, confiando que su cuerpo desnudo adornaba el espacio vacío inundado de recuerdos.
Me incorporé, guarde silencio como si al callar y cerrar los ojos, pudiera suscitar su mágica aparición para calmar esta incontrolable ansiedad que se concentraba en pensarla.

Me incomoda buscar las palabras que describan lo que siento porque no existen, no se han inventado, porque para un amor sincero y ardiente, se han vuelto indescriptibles los conceptos lógicos que hasta ahora afirmaba conocer.
Quisiera a veces, no desnudar con presición mis emociones, volverme de pronto frío a las sensaciones en las que su amor me sumerge, pero asi soy y pago caro el defecto romántico de abrirle el corazón y darle un rincón para, si lo desea, se quede ahí eterna.

Aun en su ausencia su fuego me quema, me envuelve, alimenta, motiva, seduce, conmociona mi paz, convierte su cuerpo en una adicción indefinida y sus labios en el destino eterno inextinguible.
Su pasión me embriaga, me envenena deliciosamente de deseos, de apetitos que nunca logro saciar en su piel, porque su piel es insaciable y eso me tiene a merced de su estrategia, soy pues, un esclavo a sus caricias de fuego.

El reloj de pared dejo escapar un sonido de alerta, me recuerda que debo dormir, ponerle punto final al insomnio causado por la silueta en que navego fugazmente con mis manos, siendo mi sábana el lienzo donde pinto caricias en espera.
Respiro en profunda armonía, invado poco a poco el mundo del bostezo y me dejo olvidar, dejo caer en mi cama el calor inexistente de aquella mujer que ansío en mi destino repentino.
Buenas noches, ya habrán mas momentos para sentirme preso en su recuerdo y escribiré en breves trazos, sentimientos.

Un abrazo

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