jueves, 19 de febrero de 2009

Jocosidades de la oficina


Entre el ir y venir de mi dia normal de trabajo, es una experiencia entretenida compartir prolongadas horas con personas que tienen un mundo propio y una historia independiente privada que contar, pero germinando a nuestras espaldas.
El tic tac del reloj da pasos infrenables y el quehacer en mi mundo laboral, a veces tiene un lado jocoso que nos hace encariñarnos de las personas y trascender mas allá de la seria labor de cumplir normativas simplemente.
En la oficina todos estamos alertas a detectar alguna frase mal dicha, alguna ingenua pero delatora equivocación que haga estallar en ensordecedoras carcajadas y nos permita congelar en un par de minutos, el stress asignado por las cosas que resolver en el dia que avanza frente a nosotros.
El área donde me encuentro es una zona minada, si se te ocurre la idea de ingresar, debes pensar muy bien lo que vas a decir, sino, te veras en la embarazosa escena de tener que soportar una ingeniosa burla al unísono, que te dejará marcado por los siglos de los siglos y que encima, le dará la bienvenida muy probablemente a un nuevo apodo con el que seras recordado y hará que tu nombre se transforme de la nada en un misterio imposible de recordar.

Sucede a veces narrando un poco alguna vivencia, que estas absorto con los ojos concentrados en el monitor, investigando, revisando alguna delicada información y de pronto, un súbito susto sumado a un abrupto dedazo en las costillas, hace inevitable perder la concentración y dejar salir un fugaz quejido añadido a un espasmo nervioso que lo desubica a uno de la silla donde estaba sentado, claro, sin faltar como un coro de querubines mal intencionados, las carcajadas de los compañeros que presencian la escena cómodamente en sus lugares.
Y es ahí cuando uno de tantos personajes hacen su aparición, el típico compañero que tiene como actividad gratuita, dar sustos, sacarte del trance del trabajo simplemente e irónicamente, para enseñarte a no tomarte tan en serio y permitirte reirte un rato aun con la desagradable actividad de sorprender inoportunamente.

Ojo con intentar verte juzgado por la ley de las palabras con doble sentido, si lo haces, quedarás expuesto a un sorprendente murmullo grupal seguido de un enrojecimiento de mejillas y orejas, pruebas innegables de verguenza crada por el populacho laboral.
Entre sobrenombres(apodos), palabras con doble sentido, amores secretos que se gritan a los cuatro y hasta cinco vientos, cantantes emergentes que parecen gatas en celo en pleno festín sexual, sustos repentinos, stress, pepsis, coca colas, tazas de café, donas, frapuchinos etc...Asi disfruto hacer lo que me gusta y además aprendo en el proceso, a valorar a cada uno de mis compañeros, dándoles a cada uno, aun a pesar de sumarme a las carcajadas, un respeto solidario que forma desde ya, parte de mis memorias.

Un abrazo y uno extra para todos ellos

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