jueves, 3 de julio de 2008

Las pérdidas


















Nadie se prepara para las pérdidas, algunas suelen tomarnos de sorpresa y en su mayoría siempre nos rompen por dentro, nos matan alegrías y siembran temporales jardines de lágrimas, porque cuando perdemos algo, nuestro semblante cambia y el alma pena.
No importa lo que pierdas siempre nos desencaja el semblante, si es un ser querido nos rompe, nos genera una muerte interna que será irreparable, no habrán regresos, igual si un amor se va o se aleja después de acompañar nuestros días, siempre queda un abismo afectivo en nosotros que costará mucho tiempo que desaparezca, porque sabemos que no se ama tan frecuentemente y cuando nos llega a tocar en serio, por ende el daño es de igual magnitud.
Si el amor que llegó a nacer fue inmenso, de esos que se recuerdan a solas a veces viendo llover o escuchando alguna melodía triste que en su momento, celebrábamos con ese ser que por cosas del destino partió de nuestra vida, el dolor dura un indefinido tiempo.
En definitiva, las pérdidas sean estas las que sean, siempre nos mueven el mundo, siempre nos vuelven sensibles y nos desarman por completo, nos hacen ver que somos humanos y que no tenemos el poder para controlarlo todo.
Podríamos evitar los daños de las pérdidas sino amáramos, sino nos comprometiéramos con las personas que amamos, sean estas nuestra familia o nuestra pareja, nuestro trabajo etc. Pero es imposible no querer a las personas con las que vivimos, con las que compartimos, con las que compartimos una vida y de repente dejamos de sentir su cercanía o la experiencia diaria de su presencia.
Nunca estaremos listos para perder algo o a alguien, aun cuando estés preparado, el dolor será inevitable y es cuando podemos darnos cuenta que, no somos los autosuficientes que éramos, y que podemos bajar los ojos y expresar en una lágrima que seguimos siendo vulnerables.
Un abrazo
03-07-2008

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